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| Manel Domínguez Navarro de joven |
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| ...y años más tarde, en su etapa en Toutain Editor |
El 13 de octubre de 2025 fallecía, de una forma que a muchos nos pareció totalmente inesperada, Manel Domínguez Navarro, escritor de cuentos fantásticos, guionista de tebeos, redactor editorial, traductor, grafista, director de fotonovelas, productor de televisión y actor ocasional (y algunas otras cosas que seguro que se me escapan). En las entradas del 1 y 2 de Julio de 2024 está publicada la la larga entrevista que me concedió. Ahora, tres de sus grandes amigos y compañeros de faena han querido hacerle un pequeño homenaje con las siguientes declaraciones. Son, por orden alfabético: Carlos Giménez, Esteban Maroto y Lluís Ribas.
CARLOS GIMÉNEZ
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| Manel (como Mario) y Pepe González vistos por Giménez en el segundo álbum de la serie Pepe |
(Escrito remitido por correo electrónico por Carlos Giménez el 26 de Diciembre de 2025):
He sentido mucho la muerte de mi amigo Manel Domínguez. Más de lo que habría sido lógico teniendo en cuenta lo poco que nos hemos tratado a lo largo de nuestras vidas. Pero si nuestras vivencias en común han sido pocas y muy separadas en el tiempo, en cambio nuestro afecto y nuestra amistad estaba enclavada en una simpatía mutua que compartíamos desde que nos conocimos, allá en los años sesenta y que hizo que yo guardara siempre de él un bonito recuerdo.
Tanto él como yo, como prácticamente todos los que frecuentábamos o trabajábamos en aquel lejano y ya un poco mítico estudio de Selecciones Ilustradas, apenas habíamos cumplido los veinte años y estábamos empezando a dar los primeros pasos en nuestras respectivas profesiones. Yo como dibujante de tebeos y el como coordinador en los asuntos de la agencia y como guionista.
En aquel ruidoso estudio, que más que un centro de trabajo parecía el patio de un colegio, por la informalidad y despreocupación imperante, Manel destacaba por su madurez y sensatez no exenta de buen compañerismo y sentido del humor. Esto es algo que recuerdo muy vivamente de él y que me hizo apreciarlo desde el primer momento.
Recuerdo que él y Pepe González, el grandísimo dibujante Pepe González, eran muy buenos amigos. En las fotografías que yo conservo de esta época de los dos, se les ve siempre juntos y en buena camaradería.
Tengo también un recuerdo de él como hombre emprendedor y con iniciativa. Siendo todavía muy joven, veintipocos años, creó su propia revista sin ayuda de nadie, empleando en ella todo el dinero que ganaba en la agencia.
Luego, después de esta época de juventud, dejamos de vernos durante muchos años.
A veces, debido a nuestras respectivas profesiones, coincidíamos en sitios. Estos encuentros casuales nos servían para comprobar que nuestra bonita amistad permanecía intacta.
Mucho tiempo después, en un viaje que yo hice a Barcelona para recabar datos para hacer la biografía de Pepe González, tuve la oportunidad de verme varias veces con él. Le entrevisté e incluso le pedí que escribiera un texto para uno de los capítulos de la biografía de Pepe, lo que él hizo con mucho gusto y talento. Era un gran escritor.
Su muerte me pilló por sorpresa. La muerte siempre es sorpresiva y yo ya debería haberme acostumbrado a aceptarla. Últimamente se me han muerto muchos amigos. Demasiados.
Yo suelo decir que
siempre se van los mejores. En el caso de Manel Domínguez es cierto. Él
era uno de los mejores.
Carlos Giménez
Madrid, 26-12-2025
ESTEBAN MAROTO
(Entrevista realizada por teléfono por Miguel Ángel Ferreiro los días 30 de Enero y 2 de Febrero de 2026):
Manel es un personaje espectacular. Ha hecho una cantidad de cosas en su vida espectaculares, absolutamente de todo. Ha hecho fotonovela, cine, ha escrito guiones, televisión... de todo. Era un personaje del Renacimiento, tenía una cultura vastísima, de lo que hablases con él, ya podías hablar de cine, de música, de todo.
Qué bueno cada vez que nos juntábamos con Manel, que hablábamos de películas y de libros. Yo soy muy forofo de Borges y cuando se lo dije, resulta que él también. Nos "cambiábamos los cromos" (se ríe). Me ha dejado unos libros espectaculares. A mí me gustan mucho los clásicos castellanos, la poesía y la fantasía, y él era más realista, dijéramos. Uno de los libros que me dejó, que me impresionó mucho, era uno que se llamaba Una luz tan intensa. Es la historia de una monja del siglo XII, Hildegarda de Bingen, que escribió canto gregoriano y varios libros de teología. Me regaló también un romancero castellano del siglo XVIII, que es uno de mis tesoros. A mí me gusta mucho el castellano primitivo. Y yo le podía dejar los libros de Miguel Hernández, o de Rabindranath Tagore y Omar Khayyam. Era un intercambio de libros. Era una relación muy fluida, muy constante. También le encantaba la música y pasábamos muchos ratos poniendo discos. Era un placer hablar con él porque había entrevistado a Kim Novak y mucha gente del cine.
Cuando Carlos Giménez, Adolfo Usero y yo nos vinimos a Barcelona desde Madrid, para trabajar en Selecciones Ilustradas, ya había pasado la primera etapa de Selecciones, pero nos integramos completamente. Cuando yo llegué, Manel ya estaba trabajando allí, y nos conocemos desde entonces, con unos ciertos intervalos, pero ha sido una amistad de muchísimo tiempo.
Él tenía mucha, mucha amistad en Selecciones con la que ahora es mi esposa [Carmen Mas]. Iban juntos a trabajar porque vivían prácticamente en la misma calle, en Barcelona. El padre de Manel [que era joyero] es el que nos hizo los anillos cuando nos casamos. Es una relación muy estrecha, muy estrecha. Manel y Carmen han sido siempre muy amigos. Él tenía sus problemas [por su homosexualidad] y Carmen era su "pañuelo de lágrimas", dijéramos, aunque a la vez era muy retraído, porque le habían dado muchas ostias [en sentido figurado] en una época muy complicada [para los homosexuales], que no era como es ahora.
Él también tenía mucha amistad con Pepe González, aunque Pepe era de otra manera. Manel era un intelectual de aquí te espero y Pepe era un artista, pero con todas las letras. O sea, se lo pasaba todo por allí. Manel no, Manel era muy cerebral. Eran personajes completamente diferentes pero con una categoría humana sensacional.
En Selecciones teníamos mucha relación, él me consultaba cosas, hacía guiones pero para mí nunca hizo ninguno. Hablábamos mucho. Lo único, cuando hacía la serie sobre los ilustradores [en la revista Ilustración + COMIX Internacional], a veces me pedía mi opinión sobre algún ilustrador, pero era más en plan de amistad y en plan de comentar que no de trabajo fijo. Directamente, con un encargo de Toutain, nunca trabajamos juntos.
A mí me hacía gracia eso de dirigir fotonovelas como Manel, y una vez dirigí una pequeñita, de unas 8 páginas, o una cosa así, y, claro, le pedí consejo a él, que era el que sabía. Pero no recuerdo [dónde se publicó ni de qué iba].
Cuando [el grupo de dibujantes formado por Esteban Maroto, Luis García, Adolfo Usero, Ramón Torrents, Suso Peña y Carlos Giménez] estábamos viviendo en La Floresta, alguna vez había venido Manel a hacer alguna de las fotonovelas. Luego, claro, teníamos amistad con todas las chicas y con los chicos que trabajaban en las fotonovelas. Para mis dibujos he empleado muchas veces a gente de fotonovelas. Por ejemplo: Wolff era Mario Via; Manly/Dax era otro chico, que no recuerdo cómo se llamaba. Casi todas las chicas que dibujábamos eran modelos de fotonovelas: Margit Kocsis, Conchita Cura... Eso lo hacíamos todos, todos dibujábamos con referencias de estas chicas. Y los portadistas también lo hacían. A los actores que venían a hacer las fotonovelas les pagábamos algún dinero extra y hacíamos una sesión de fotos.
Yo, por ejemplo, hice con Carol de Haro la imagen de Alma de Dragón, la disfracé y le puse todos los artilugios. Íbamos a haber hecho una historia con Luis García y Carol, que eran pareja. Yo iba a hacer una cosa de La bella y la bestia con los dos, hice un montón de fotografías, pero no lo llegué a dibujar. Las fotografías creo que todavía las conservo, entre todas los miles de cosas que tengo.
Yo hice una serie del Oeste que se llamaba Amargo, y los primeros guiones de esa serie eran míos. Y, milagrosamente, tengo los originales de los dos primeros episodios, ¡pero no tengo los guiones! (Se ríe.) Sé que se habían publicado en España en una revista de Ediciones Ursus que se llamaba Cowboy. En aquella época había lo que llamábamos "sindicación", que era que hacíamos las historias y Toutain se dedicaba a venderlo por el mundo, que la mitad de las veces no nos enterábamos. Pero no era Toutain solo, Bruguera y otros también lo hacían.
Yo hice bastantes guiones románticos [para el Reino Unido] de los que no tengo absolutamente ninguna referencia, sólo una historia [One day of youth] que publiqué con Antonio Martín en la revista Bang! [en el #10]. Pero estuve trabajando casi dos o tres años. De hecho, cuando vine de Madrid, lo primero que hice fueron estas historias de romance, porque era lo que entonces estaba mejor pagado y más considerado. Eran historias muy cortas, de 3 páginas. Ahí los reyes eran Pepe González, José María Miralles, y Jordi Longarón, que fue además de los primeros en empezar a trabajar para Estados Unidos.
Selecciones ha sido un universo completamente abierto. Era un paraíso de modernidad. Éramos como una familia, con los follones y los líos de las familias. Podía haber cosas por el lado de la envidia. Es una época completamente irrepetible. De la mayoría de gente de Selecciones tengo un recuerdo imborrable, con una calidad artística y humana fuera de lo corriente.
Al principio de venir a Barcelona, yo estaba en una pensión, y por unos días estuve en casa de Manel, que tenía un pequeño apartamento con unos argentinos y me dejó que estuviera allí unos días. Luego él se vino a vivir a Blanes, y más tarde nos vinimos nosotros. Carmen ya lo conocía porque había venido cuando era jovencita. Yo ahora estoy enamoradísimo de Blanes y es el sitio donde estoy a gusto y más tranquilo. Cuando salgo veo el mar, yo que soy castellano antiguo.
Tenemos mucha amistad también con la chica que lo estaba cuidando, Lluïsa, que es la que ahora se ha quedado con el piso y las cosas de Manel. Una persona extraordinaria.
Lo que me gustaría es que la gente conociera la cantidad de cosas que ha
hecho Manel.
LLUÍS RIBAS
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| Carles Mestres, Lluís Ribas, Manel, Antonella Delussu y Albert Arribas en la presentación del libro Icons of the 20th Century, en una foto tomada del Facebook de Manel |
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| Lluís Ribas, Manel, Albert Arribas y Antonella Delussu, en una foto de Carles Mestres tomada del Facebook de Manel |
(Entrevista realizada por teléfono por Miguel Ángel Ferreiro los días 24 de Diciembre de 2025 y 22 de Enero de 2026):
Yo soy de un pequeño pueblo... bueno, ahora ya no tan pequeño... llamado El Masnou, que está a unos 14 kilómetros de Barcelona. En 1963 me desplazo a Barcelona, para estudiar publicidad en la Escola Massana, pero los cursos eran sólo de media jornada (o por la mañana o por la tarde) y en octubre de 1963 empiezo a trabajar en Selecciones Ilustradas.
Yo iba recomendado por Jordi Longarón, el fantástico ilustrador. Iba con mi corbatita, tenía 13 años y mi madre me había arreglado porque era el primer trabajo al que iba. Toco a la puerta y me sale un tío en calzoncillos que era, ni más ni menos, que el gran pintor y dibujante Joan Martí (alias Petronius). Me dice, (en tono desenvuelto) "¿Qué quieres, chaval?" "Quiero hablar con el señor Toutain." Yo iba acojonado, claro, porque ellos eran mayores que yo y a esa edad se nota mucho la diferencia. Se bajó un poquito y me dice, "Va, sube". Me hizo subir a su espalda y, como un caballito, me llevó al trote al despacho de Josep Toutain. Toutain estaba con las piernas sobre la mesa, con aquellas gafas que le aumentaban los ojos, que parecía un sapo, y me dice, "¿Qué quieres tú?" "Vengo de parte del señor Longarón." "¡Ah, tú eres el amigo de Longarón! Vale, vale. Pues tira este pasillo al fondo y pregunta por Virginia, que ella te dará trabajo." Y así fue como entro a trabajar en Selecciones Ilustradas, y conozco a toda esta maravillosa peña de dibujantes y de guionistas, y aquí es donde conozco a Manel Domínguez.
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| La anécdota de Lluís reinterpretada por Carlos Giménez en la primera historia de su serie Los profesionales |
Allí me llamaban Yuyú, porque era el tiempo del "yeyé" y Enrique Montserrat, un gran dibujante, ya desaparecido también, me dijo, "Tú, chaval, no puedes ser yeyé, tú tienes que ser más original, te llamaremos el Yuyú".
En Selecciones empecé como chico de los recados, llevando paquetes a Correos, y cosas así. Luego hice portadas e ilustraciones. Lo que nunca dibujé fue cómics.
Hacía fotografías trucadas en el laboratorio, hacíamos experimentos. Yo me pasaba horas y horas en el laboratorio y me divertía mucho intentando sacar cosas, efectos especiales. Aquí también hablábamos mucho con Manel sobre cómo había conseguido ciertos efectos. Se aprendía de los fallos que hacías. Prueba y error. A veces conseguías un efecto fotográfico y, como no te guardabas los datos de la temperatura del revelado, ya no lo podías repetir. Aquello era arte fotográfico porque eran piezas únicas que no se podían repetir. Fue una época muy viva de nuestra vida, experimentando y trabajando.
Manel, en aquellos tiempos, y siempre, era una persona muy admirada, porque tenía un gusto estético y una facilidad para escribir maravillosa, aunque también sufrió muchas bromas pesadas por ser gay. Era una figura en Selecciones Ilustradas porque era un gran escritor y, aparte, tenía un gusto estético muy refinado, y siempre se podían aprender cosas de él.
Con Manel empezamos una relación más amplia cuando empezamos a hacer en Selecciones las fotonovelas para Editorial Rollán de Madrid. Yo no soy fotógrafo, pero me gusta mucho la fotografía, y Toutain quería que todas las cubiertas de las fotonovelas las hiciese yo, la foto de las portadas. Yo le hacía las portadas de sus fotonovelas a Manel, cosa que a veces había pequeñas rencillas, porque él lo veía de una manera, yo lo veía de otra. Él me veía a mí, me imagino, un niño. Él era una persona muy exigente con el trabajo y me imagino que a él no le gustaba que yo, motu proprio, hiciese las portadas de sus fotonovelas. Hay que decir que Manel era, de joven, un poco quisquilloso, cosa que de mayor ha cambiado y lo he aprendido yo a querer mucho a Manel. En aquella época se podía enfadar por cualquier cosita: "Esta portada que has hecho a mí no me gusta porque esto me gustaría que hubiese sido azul." Y yo le decía: "Pues mira, me parece muy bien, pero como a mí me parece que es rojo, pues lo he hecho rojo." Había siempre esta pequeña rencilla en la colaboración.
La serie que hicimos que se llamaba Gótica eran ya unas fotonovelas un poco más refinadas, no era el típico cuento romántico. Aquí yo hice todas las portadas porque Toutain quería que las hiciese yo, y creo que éstas las dirigió todas Manel, o casi todas, porque eran unas fotonovelas muy cuidadas y Toutain confiaba mucho en su trabajo.
Yo también dirigí alguna fotonovela. Yo era, se puede decir, el "niño mimado" de Toutain, y hacía un poco lo que me daba la gana. Toutain confió mucho en mí, con lo gráfico y con mi buen gusto. Yo estaba en el departamento de creación, del cuál era el jefe, pero, de vez en cuando, hacía una fotonovela porque me venía muy bien el dinero extra. En las fotonovelas se pagaba mucho dinero. Si no recuerdo mal, nos pagaban 5.000 pesetas para dirigir y 4.000 para producir. En aquel tiempo era mucho dinero, que nos ganábamos en tres o cuatro días de rodaje. Cuando me hacía falta dinero, de vez en cuando yo también dirigía alguna.
Con Manel dijimos más de una vez de hacer la historia de la fotonovela en España, porque no hay nada, ninguna información, y en aquella época fue muy importante y se ganaba mucho dinero. La fotonovela empezó en Italia y en Francia, donde actrices famosas y cantantes hicieron fotonovela. Luego vino a España y aquí tuvimos a Silvia Tortosa, Margit Kocsis, Encarnita Pacheco... Como nadie ha escrito la historia de la fotonovela, por eso Manel quería hacerla, pero no nos ha dado tiempo.
EL REPORTAJE FOTOGRÁFICO SOBRE LA MODA ADLIB
Manel tenía muchas relaciones fuera del estudio, con otros escritores, era un hombre que tenía muchos contactos.
Me acuerdo que una vez, no sé cómo, contactó con Smilja Mihailović [una emigrada yugoslava a quien su amante, el rey Pedro II, había concedido el título nobiliario de Princesa], que es
la creó la moda AdLib, aquella moda ibicenca blanca, que se hizo tan famosa en...
1968, creo que fue. Conocía a esta noble que vivía en Ibiza y Toutain decidió que hiciésemos un
reportaje sobre esta moda AdLib. Fuimos Manel
y yo, él de redactor y yo de fotógrafo, y nos llevamos dos modelos. Una era Encarnita Pacheco, que había sido Maniquí
de España en 1965, y era una modelo excepcional, había pasado alta costura de
los mejores modistos. Y otra que yo era alérgico a ella, y ella era alérgica a
mí, no sé, éramos incompatibles. A ésta la despedimos el primer día, porque no
sé qué pasó que yo dije que no quería trabajar con ella. Manel se enfadó mucho conmigo, pero yo luego encontré a Sheila, una cajera del canódromo de
Ibiza, que era guapísima.
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| Magda y su marido Lluís, Sheila y Manel en una foto tomada de la página web de Lluís Ribas |
Allí Manel y yo tuvimos problemas graves, aunque eran problemas tontos, eran como de competencia, de a ver quién lo hacía mejor, pero hicimos el reportaje. Pero siendo un momento complicado de trato con él, allí se afianzó mucho mucho nuestra relación. Allí nos aprendimos a querer y a odiar, con este trabajo.
En Selecciones creamos un departamento de Servicios Fotográficos. En 1970 hicimos también un reportaje muy importante a Salvador Dalí. Como teníamos muchas editoriales que estaban en contacto con nosotros, les ofrecíamos los reportajes. El de Dalí se publicó en casi todo el mundo, en España no. El de la moda AdLib, en Londres sí, porque la modelo que cogí en Ibiza era una chica de Londres, y luego estuvimos en contacto con ella durante muchos años y me mandó una revista que salía publicado este reportaje. Me imagino que se vendió en varios sitios pero no te podría decir dónde, porque esto ya no era cuestión mía, yo no tenía nada que ver con las ventas.
LA REVISTA MUSICAL HIT
(Realizada por Selecciones Ilustradas para Editorial Rollán)
Yo era el que diseñaba la revista. Con Manel quisimos hacer una revista musical que llevase una fotonovela, pero una fotonovela más dirigida a la juventud. La fotonovela típica de Corín Tellado era una pareja que se amaba mucho pero no se podía casar y al final se casaban, eran felices y comían perdices, pero con Hit quisimos hacer fotonovelas de los problemas más reales de la juventud de aquel momento. Era una revista cuadrada, del tamaño de un disco LP. Yo la diseñé. La fotonovela se rodó en Londres, cuando Carnaby Street era la calle de las tiendas de moda, como luego fue en Barcelona la calle Tuset.
No recuerdo cuánto duró, quizá dos años... poco tiempo. En el último número, en la parte donde poníamos un avance de lo que iba a salir en el siguiente número, pusimos una nota que decía: "Por la redacción se está cantando muy a menudo la canción Adiós, pampa mía." Y la gente luego nos decía: "Ahora ya sabemos porque dijisteis Adiós, pampa mía".
LA PINTURA
En 1975 decido marchar de Selecciones, porque quiero pintar. Aquel año muere mi madre, veo la muerte de cerca y entiendo que la vida es corta y hay que hacer lo que uno quiere hacer, cosa que mi madre nunca pudo. Ella quería viajar, pero no pudo, y yo dije que a mí eso no me pasa. Si me gusta pintar, dejo el trabajo y me dedico a pintar, y entro en un mundo del cual yo no conocía nada, ni tenía ni idea.
Suerte que Toutain me dio un dinero, un sobre con 150.000 pesetas, que, en aquella época, era bastante dinero, y yo podía vivir con ello un año y medio tranquilamente. Toutain me dijo, "Hombre, intercala portadas con tus cuadros, que yo te las compraré", pero yo no pude. Como dicen las mujeres, los hombres sólo podemos hacer una cosa, y creo que tienen razón. Ya no hice más portadas.
Empecé a pintar pero nunca dejé de estar en contacto con Manel. Yo me aparté de este mundo durante cuatro o cinco años, o seis años, y luego reencontré la amistad de todos ellos. Manel fue una de aquellas amistades que tienes que, con el tiempo, aunque no os veáis muy a menudo, van creciendo. En este caso con Manel, su amistad fue creciendo con los años. Como buen vino, con los años, si es buena amistad, va madurando y va haciéndose cada vez mejor. Y con Manel pasó esto. Siempre, y hasta el último momento, hemos tenido una bonita amistad y cariño.
EL LIBRO ICONS OF THE 20TH CENTURY (2018)
Hace nueve años a mí me detectaron un cáncer de próstata y tuve un bajón muy fuerte, no tenía ganas de pintar, estaba como muy hundido. Un día hablando con Manel empezamos a hablar de posibles proyectos, que esto lo hacíamos más de una vez, soñábamos proyectos que eran imposibles de realizar, y le enseñé un retrato que había hecho de la escritora Virginia Woolf. Yo hice el retrato porque me honro de tener la amistad de la poeta Marta Pesarrodona, que es una gran conocedora de la obra de Virginia, y ella me dijo, para una exposición que preparábamos: "¿Por qué no haces un retrato de Virginia? Y yo puedo hablar sobre ella y el Grupo de Bloomsbury."
Yo hice el retrato, Manel lo vió, le gustó y me dijo: "¿Y si hiciésemos una serie de grandes hombres del siglo XX?" Me ilusionó el tema y empezamos a buscar nombres. Yo no quería que hubiese ningún político. Empezamos a buscar gente que ha influido en el siglo XX de una manera o de otra. Primero él hizo una lista, luego fuimos tachando y cada dos o tres días, cuando yo acababa un retrato, discutíamos cuál haríamos. Esto era muy divertido porque en esta lista, lástima que no la tengo, entraban y salían personajes cada día distintos. Cuando concordábamos los dos, yo lo pintaba.
A veces yo proponía personajes que a él no le parecían interesantes. Hay una actriz que pinté porque me gustó, pero cuando se lo enseñé dice: "Ostia, ¿y por qué has hecho esta mierda? Si esta tía sólo tiene el mérito de que la sabía chupar muy bien." (Risas) Y yo dije: "Coño, pues es un mérito, y la tenemos que poner." Y la pusimos.
Y así hicimos este proyecto de libro que yo creo que es interesante porque hay personajes cuyo físico es muy conocido, pero hay otros que físicamente no sabemos qué cara tenían, y aquí la descubrimos.
Yo ya se lo dije a Manel una de las últimas veces que hablé con él: este libro a mí me salvó mucho mucho la vida porque me ayudó a sobrepasar este trago tan grande que tuve con el cáncer. El me respondió que estaba feliz de que le hubiese dicho esto porque este proyecto a él también le había gustado mucho.
Manel fue un guía, porque era un hombre que tenía las ideas muy claras, aunque era quisquilloso. Cosa que luego no, porque luego se ha vuelto una persona dulce y comprensiva, aceptaba todo. Manel, de un histerismo, ha pasado a una paz estupenda. A mí me ponía frenético, porque se podía cabrear por cualquier tontería, y podía montar un número. En cambio ahora, en su madurez, ha sido un hombre tranquilo. Un hombre admirable siempre.
Ha sido un gran intelectual, un gran creador y un hombre que llevaba la
estética en su frente. Era un hombre para aprender.








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